Abraza la soberbia que hay en ti,
porque detrás de ella hay un niño no querido.
Abraza la exigencia que hay en ti,
porque detrás de ella hay un niño que no ha sentido el Amor.
Abraza al “agrandador eterno” que hay en ti
porque detrás de él hay un niño rechazado.
Abraza la ira y el enojo que hay en ti,
porque detrás de ella hay un niño
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